Ese olor a azufre que traba y ciega, la sordidez de los andantes, el afonismo de los que debieran aturdirnos con sus carcajadas ,el taciturnito correr de los días hasta desembocar en la extinción y uno que otro mes de Septiembre ya son motivo para avergonzarse bien sea ante Andrés, bien sea ante al niño que murió ayer ahogado en alguna gota perdida de plomo de esas que destilan los dedos de mis laderas paisas. En cualquier caso yo pienso que tanto la vergüenza como el remordimiento solo operan en las almas que aún empañan ventanas con su aliento: son el cáncer de los jadeantes. De toda suerte que procura mantener un peche en el bolsillo, para que cuando al doblar una esquina te topes al Valluno, amortigües su encuentro con los males del mundo, nublando la hora con algo de humo...r.
(Gabriela, Coco y Panela)