lunes, 21 de noviembre de 2011

Para algún lector de Andrés Caicedo

Ese olor a azufre que traba y ciega, la sordidez de los andantes, el afonismo de los que debieran aturdirnos con sus carcajadas ,el taciturnito correr de los días hasta desembocar en la extinción y uno que otro mes de Septiembre ya son motivo para avergonzarse bien sea ante Andrés, bien sea ante al niño que murió ayer ahogado en alguna gota perdida de plomo de esas que destilan los dedos de mis laderas paisas. En cualquier caso yo pienso que tanto la vergüenza como el remordimiento solo operan en las almas que aún empañan ventanas con su aliento: son el cáncer de los jadeantes. De toda suerte que procura mantener un peche en el bolsillo, para que cuando al doblar una esquina te topes al Valluno, amortigües su encuentro con los males del mundo, nublando la hora con algo de humo...r.


(Gabriela, Coco y Panela)

martes, 8 de noviembre de 2011

Sábado cuatro de la tarde y sin modular palabra. Tengo la lengua enredada en conversaciones con mi voz interior. ¿cómo responderé al primer incauto que ose preguntarme cualquier cosa? Puedo prever como un amasijo de aire a modo de burbujas con oes sostenidas emergen a la atmósfera paisa de este frío prado. Prado centro.

Tengo, entre los hombros, la emotividad contenida.

Respiro con los pulmones en cuclillas.

La claridad es escasa; es causa de espejismos

Veo un oasis o quizá lo imagino.

No sé si es un oasis o un espejismo…


Cuarenta millas de recuerdos, cuarenta millares de lágrimas

Millas y millares de pensamientos inconclusos, de sensaciones contenidas,

de fantasías que aún lo son…

….de bostezos y de rezos al lado del pavimento.