sábado, 19 de mayo de 2012


¿Y donde crees que está dios, Vanesa?
Una pregunta en el aire. Mirada desconcertada, mano a la cabeza.

-         - No sé donde exactamente, pero muy probablemente se aloja en el mismo lugar que habita el instinto de autoconservación humano; instinto copiosamente retorcido y perverso que mantiene con vida a legiones de gentes, mientras se pudren desconsoladas en el sufrimiento de su propia carne.

¿Qué los hace despertarse cada mañana a la miseria de su existencia?; ¿Para qué postergar la tan añorada paz y tranquilidad que solo se logra al hacer uso de la  única libertad poseída realmente por los seres humanos, la libertad de elegir el momento para dejar de existir?

-         - Esperanza.

O  curiosidad por la novedad que traerá el día siguiente, aún novedad tortuosa, aún agonía.

-         O quizá ninguna.

Y uno que otro fotógrafo para captar la esencia del sufrimiento. Primer plano. Portada en la prensa. Artículo de consumo.

-         Con su reflexión religiosa al pié de la foto.

Miles de ejemplares de la  misma imagen que vende compasión alrededor del globo. Ícono de la desdicha ajena, tan popular como  afiche de alguna estrella del fútbol.

-          -Pero no se suicidan.

La dicha, el placer de sentirse desgraciado. Luz de esperanza parpadeante. Reproducción. Más hambre. Más dolor.

¿Pero donde rayos está dios, Vanesa? ¿Por qué no se apersona de su creación imperfecta?

miércoles, 7 de marzo de 2012



Por las semanas durante las que el tedio nos consume,

Por el deslizar de las horas sobre tareas sin emoción alguna,

Por la falta de convicción en el quehacer diario,

Por los días y las noches de esta aldea en la que se ha perdido la esperanza del cambio,

Por los recuerdos de seres queridos que yacen bajo los pies, recuerdos que se agitan en el mar de todos los recuerdos y que luchan por no naufragar en el olvido.

Por un padre a quien junto a madre ya se ha perdido el afán de agradarles,

Por la aceptación, para que al menos estas líneas no sean otro ladrillo,

Por la intranquilidad de los sueños sea en el exceso o en la carencia,

Por esa manera de discurrir por la vida como si nada doliera, siendo el dolor tan excesivo que se anula a sí mismo y deja tras sí la sensación del vacío, del hastío, del tedio y las semanas que se consume al deslizarse por las horas sin emociones y sin riesgo de cambio alguno;



Pescando recuerdos en el mar de los recuerdos en búsqueda de imágenes de tiempos pasados algo más livianos, para evocarlos en los sueños y lograr el anhelado descanso.

…Y acabar con el tedio en la semana, la pesadez de los recuerdos día tras día…

martes, 6 de marzo de 2012



Y Siguen Cayendo Faraones



Una mañana, luego de un sueño intranquilo, algún faraón de la calle no tuvo que preocuparse más por despertar, nuevamente, a su vida de insecto. Al costado de una pirámide construida para espantarlo dejó de latir en su corazón la pesadilla cosmopolita de una ciudad que exhibe con orgullo su medalla de plomo.
 Los ángeles de la muerte que patrullan la cotidianidad urbana de las horas, se encargan ya de la ´limpieza social´ de conciencias. Estos lozanos y paranoicos citadinos seguirán tomándose un tintico para hacer amigos, servido en su tacita de plata. Su lustrada tacita de plata. De plata y plomo que es de donde suele beberse el cáliz de la hipocresía y el banal empuje. Pero en las rocas. En las rocas y en las roscas. Sin dar las gracias, sin dar en qué pensar.  Y no hay quien afirme o contradiga usando al menos el monosílabo; hay  ejércitos de hombros encogidos y caras de ´eso no es conmigo´ gastando las suelas de sus zapatos caminando por  La Oriental; pregoneros del presente como algo carente de emoción para lo que hay que enajenarse huyendo a mundos más cómodos a través del licor, el fútbol o la televisión; ninguno habla de reinventar el mundo. La moda es soportarlo, pero vistiendo un lindo suéter.

Llega la hora del embarque y los ejércitos de hombros se apiñan en burbujas de seis llantas que no creen en la gravedad y se elevan cuesta arriba, rumbo a la periferia de la tacita de plata. Mientras las horas de minutos a doscientos se extinguen con el ocaso y  los faraones sin pirámide retoman el poder del desierto, de la calle, de la selva de cemento. En adelante,  las sombras escondidas durante el día, al reverso de  paraderos, sillas, venteros y basureros, ofrecen su coreografía a los ojos entre hombros que contemplan por las ventanillas de las burbujas de seis llantas. Las luces y  el humo componen el ritmo cambiante y resonante sobre las puntas de las pirámides, vibran a lo largo y ancho de La Oriental al compás que les marca el efecto inercial de la insistencia humana.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Para algún lector de Andrés Caicedo

Ese olor a azufre que traba y ciega, la sordidez de los andantes, el afonismo de los que debieran aturdirnos con sus carcajadas ,el taciturnito correr de los días hasta desembocar en la extinción y uno que otro mes de Septiembre ya son motivo para avergonzarse bien sea ante Andrés, bien sea ante al niño que murió ayer ahogado en alguna gota perdida de plomo de esas que destilan los dedos de mis laderas paisas. En cualquier caso yo pienso que tanto la vergüenza como el remordimiento solo operan en las almas que aún empañan ventanas con su aliento: son el cáncer de los jadeantes. De toda suerte que procura mantener un peche en el bolsillo, para que cuando al doblar una esquina te topes al Valluno, amortigües su encuentro con los males del mundo, nublando la hora con algo de humo...r.


(Gabriela, Coco y Panela)

martes, 8 de noviembre de 2011

Sábado cuatro de la tarde y sin modular palabra. Tengo la lengua enredada en conversaciones con mi voz interior. ¿cómo responderé al primer incauto que ose preguntarme cualquier cosa? Puedo prever como un amasijo de aire a modo de burbujas con oes sostenidas emergen a la atmósfera paisa de este frío prado. Prado centro.

Tengo, entre los hombros, la emotividad contenida.

Respiro con los pulmones en cuclillas.

La claridad es escasa; es causa de espejismos

Veo un oasis o quizá lo imagino.

No sé si es un oasis o un espejismo…


Cuarenta millas de recuerdos, cuarenta millares de lágrimas

Millas y millares de pensamientos inconclusos, de sensaciones contenidas,

de fantasías que aún lo son…

….de bostezos y de rezos al lado del pavimento.