sábado, 19 de mayo de 2012


¿Y donde crees que está dios, Vanesa?
Una pregunta en el aire. Mirada desconcertada, mano a la cabeza.

-         - No sé donde exactamente, pero muy probablemente se aloja en el mismo lugar que habita el instinto de autoconservación humano; instinto copiosamente retorcido y perverso que mantiene con vida a legiones de gentes, mientras se pudren desconsoladas en el sufrimiento de su propia carne.

¿Qué los hace despertarse cada mañana a la miseria de su existencia?; ¿Para qué postergar la tan añorada paz y tranquilidad que solo se logra al hacer uso de la  única libertad poseída realmente por los seres humanos, la libertad de elegir el momento para dejar de existir?

-         - Esperanza.

O  curiosidad por la novedad que traerá el día siguiente, aún novedad tortuosa, aún agonía.

-         O quizá ninguna.

Y uno que otro fotógrafo para captar la esencia del sufrimiento. Primer plano. Portada en la prensa. Artículo de consumo.

-         Con su reflexión religiosa al pié de la foto.

Miles de ejemplares de la  misma imagen que vende compasión alrededor del globo. Ícono de la desdicha ajena, tan popular como  afiche de alguna estrella del fútbol.

-          -Pero no se suicidan.

La dicha, el placer de sentirse desgraciado. Luz de esperanza parpadeante. Reproducción. Más hambre. Más dolor.

¿Pero donde rayos está dios, Vanesa? ¿Por qué no se apersona de su creación imperfecta?

No hay comentarios:

Publicar un comentario